El poder y la autoridad, una mezcla delicada

25 May, 22

Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo, porque no es lo importante llegar solo ni pronto, sino con todos y a tiempo.

León Felipe

El Poder es la capacidad que tienen los individuos, grupos u organizaciones para construir la viabilidad de alcanzar un objetivo y como la aptitud para lograr que otros (individuos o grupos) hagan lo que, quién lo detenta, quiere.

El poder genera mucha atracción y un temor reverencial. Pensar en el término poder supone algún tipo de fuerza que proviene de una persona y que un halo carismático y místico la envuelve. Muchas organizaciones se niegan a verlo de frente, a examinar tanto sus alcances motivadores como sus efectos perversos, a trabajar las posibles alternativas y visualizar soluciones ya que el poder es la materia prima del conflicto y con frecuencia éste obstaculiza las acciones efectivas para el logro de los objetivos organizacionales. Con el poder suelen comenzar y acabar los desacuerdos. Con frecuencia el ejercicio del poder consiste en usarlo para resolver una discrepancia persistente.

El abuso lingüístico no escatima equívocos, hablar de poder es hablar de todos los comportamientos de conquista personal y territorial por medio de la fuerza, sus vocablos denotan una valoración negativa, infunden temor, aparentan dominio, reflejan subyugación: señoríos, imperios, jurisdicciones, territorios, prerrogativas, prebendas, coacciones, prepotencias, arbitrariedades y castigos.

¿Qué se entiende por poder en las instituciones? La capacidad que tienen los individuos, grupos u organizaciones para construir la viabilidad de alcanzar un objetivo y como la aptitud para lograr que otros (individuos o grupos) hagan lo que, quién lo detenta, quiere. Es de resaltar que existe el poder formal que se basa en el puesto que ocupa el trabajador en la organización y el poder informal o personal que se deriva, no del puesto que ocupa el empleado, sino de las características únicas de éste.

Autores en el área organizacional coinciden en las siguientes características del poder:
Es relativo entre las partes.
Cambia con el tiempo.
Siempre es limitado.
Puede ser real o aparente.
Su ejercicio tiene beneficios y costos.
Se relaciona a la habilidad y el talento.
Es reforzado por apoyo legal, conocimiento personal, habilidad, recursos y trabajo inteligente.
Es incrementado por la habilidad de soportar incertidumbre.
Es reforzado por una relación de largo plazo.
Depende del número de alternativas que se poseen.
Existe en la magnitud que es aceptado.

En la mezcla delicada entre poder y autoridad, ésta se concibe como el poder que la gente percibe como legítimo, certificada por reglas aprobadas legalmente. En una organización, la autoridad deriva del lugar que se ocupa en ésta. La autoridad se asume como la capacidad para guiar la conducta de otra persona bien sea, por una responsabilidad de protección y cuidado de la persona o por un bien grupal. La autoridad es el uso del poder en positivo, legitimado y acordado socialmente, aceptado por quien lo recibe y puede variar según las empresas, sociedades, culturas y personas. Así mismo, existe la autoridad carismática que es el poder legitimado por cualidades personales excepcionales, que inspiran devoción y obediencia.

La estrecha vinculación que existe entre estos dos conceptos nos sumerge en tres situaciones clásicas que ilustran el titulo de este artículo: autoridad sin poder, autoridad con poder y poder sin autoridad.

La prueba del líder es la capacidad de reconocer un problema antes de que se convierta en una emergencia.

John Maxwell